Y es que aunque tienen la misma raíz, esta no es el catalán sino el romance.
Recordaros que en el XVI Congreso Internacional de Lingüística y Filología Románicas (año 1980) patrocinado por la Societé de Lingüistique Romane, 723 de los 830 asistente rechazaron el manifiesto que decía que el valenciano, balear y catalán son la misma lengua.
El idioma valenciano es valenciano desde hace siglos y a las pruebas me remito:
"Liber amici et amati" (Ramon Llull, 1335).
(en latín)
"Ista expositio excerpta fuit ex magno volumine in lingua valentina composito per quendam discipulum Raymundi.Inceptum Valentie mense decembris et finito mense Martii anni 1335.Laus Deo..."
Plegmatica del rey Joan I (año 1394)
http://i36.tinypic.com/2zybcx4.jpg
(ver cuarta línea del párrafo central "vulgar valencià")
Any 1478; La Biblia,de Bonifaci Ferrer
http://img26.imageshack.us/img26/7595/bibliaqbm.jpg
Las obras de don Joan Fernández de Heredia “(Valencia, 1562)
http://www.uploadfilesystem.com/imagenes/09/04/10/6xc60327.jpg
Any 1737,(fragmento) Origenes de la lengua española de Gregori Mayans i Siscar.
http://img527.imageshack.us/my.php?image=gregoriomayansisiscar17.jpg
Any 1754, Origenes de la poesia castellana,de Luis J.Velazquez de Velasco
http://img515.imageshack.us/img515/1553/origenespoesiacastellan.jpg
Any 1773;Espectáculo de la Naturaleza de N.Antoine Pluche.
http://img513.imageshack.us/my.php?image=espectaculodelanaturale.jpg
Any 1887, Diccionario valenciano-castellano de Jose Escrig i Martinez.
http://img24.imageshack.us/my.php?image=valenciadiccionari.jpg
Any 1747,Escritores del Reino de Valencia
http://img237.imageshack.us/img237/1654/escritoresvalencianospo.jpg
Any 1915,Bibliografia de la Lengua Valenciana de Jose Ribelles Comin.
http://img407.imageshack.us/i/bibliografiavalenciana.jpg/
Lo penoso e irritante es que el PSOE antes y el PP ahora destruyan el valenciano normalizando un refrito de catalán y valenciano, vamos eso que hablan en Canal9 pero que ningún valenciano-parlante habla.
Que si "nosaltres", que si "aixi"... y claro, por eso contratan a castellano-parlantes y el resultado es una bazofia de cat-val-tellano.
Y digo penoso porque a fuerza de imposición política van a acabar con el peculiar y genuino idioma valenciano.
No a la Academia Valenciana de la Lengua, que vuelva la centenaria Real Academia de Cultura Valenciana. La que recogía las normas lingüísticas antes de que los políticos le quitasen ese Real derecho y se lo diesen a la AVL que en lugar de recoger, dicta. Un atentado en toda regla a la lingüística.
miércoles, 21 de octubre de 2009
Los mitos del aborto
Tras el éxito de la manifestación contra la reforma de la ley del aborto foto1 foto2 foto3 en el que el gobierno socialista quiere el asesinato libre durante las primeras semanas, os dejo un texto publicado por la fundación Burke muy interesante.
No es voluntaria.
Si no se dan opciones, si no se facilitan alternativas, la decisión no es voluntaria, es obligatoria. En los abortorios de España no les muestran las ecografías de su embarazo, ni les informan de alternativas distintas a abortar, porque la ley no les obliga a hacerlo, como sucede en otros países. Un 75% de las mujeres que abortan no lo hacen por decisión libre, sino acosadas por grandes dificultades frente a las que no ven otra salida.
Sólo es libre quien tiene alternativas para optar. Y muchas mujeres se ven obligadas por presionesinsoportables de sus parejas, de sus familias y de su trabajo.
No es feminista.
La activista Beatriz Gimeno afirma que «en el fondo del debate sobre el aborto late el miedo milenario a que las mujeres controlen sus cuerpos y su sexualidad sin permiso de los hombres» Ésta es una de las falacias más tópicas y recurrentes.
Sin embargo, lo que subyace en el aborto es un machismo despiadado, ejercido también por las (y los) feministas radicales.
Para Conrado Giménez, presidente de Fundación Madrina, «El problema es el acoso que sufre la mujer por el hecho de ser madre, el mobbing maternal, en tres entornos: personal, familiar,
social y laboral. El 68% de las mujeres que atendemos sufren violencia de género (…) El 60% de las mujeres maltratadas manifiestan que han abortado al menos una vez.» Además, 9
de cada 10 embarazadas sufren acoso en el trabajo y el 25% son despedidas.
No es un derecho.
Toda mujer tiene derecho a recibir una educación sexual adecuada. Tiene derecho a recibir información sobre las alternativas. Tiene derecho a recibir asistencia psicológica y sanitaria. Tiene derecho a recibir ayuda económica. Pero ninguna tiene derecho a matar una vida. Aunque viva dentro de su cuerpo. Es esa vida la que tiene derecho a ser protegida. Igual que tampoco existe el derecho a adoptar, sino a ser adoptado.
No es socialista.
Más bien lo contrario, es absolutamente capitalista. Las clínicas abortistas son un negocio millonario amparado por el Estado y los Gobiernos Autonómicos. En muchos casos su único fin es el lucro, que por 3.200 euros son capaces de abortar a un no nacido sano de 26 semanas,sin peligro alguno para la madre, como demuestran infinidad de testimonios (no sólo sobre el ‘doctor’ Morín). Como dice el doctor Jesús Poveda «El camino hacia un abortorio
es más conocido y más facilitado que el camino hacia los ginecólogos que defienden y respetan la vida». Por algo será.
No es salud.
Ni sexual ni reproductiva, ni física ni psicológica, ni operatoria ni postoperatoria. Los centros de aborto no informan a la mujer sobre los detalles de este tipo de intervención, las consecuencias físicas y psicológicas que tiene. Secuelas y efectos que van desde su muerte, perforaciones uterinas, pérdidas y prematuridad del siguiente hijo, alteraciones del
deseo sexual, esterilidad y graves alteraciones psiquiátricas.El síndrome pos-aborto es una traumática y dolorosa realidad que siempre se ha tratado de ocultar.
No es política social.
Nacidas como contrapeso a las injusticias sociales y laborales de la Revolución Industrial, hoy el objetivo de las políticas sociales es la búsqueda del bienestar y la mejoría de las
condiciones materiales de vida de la población. El espíritu es el mismo: amparar y proteger a los más desvaforecidos, con especial dedicación a los eslabones más débiles de la sociedad, esto es, los pobres, los inmigrantes, los desempleados, los minusválidos, los niños… y digo yo que también las mujeres embarazadas sin recursos y los niños no nacidos. Pero no.Los programas sociales del Estado destinados a mujeres embarazadas sin recursos que quieran tener a su hijo son directamente CERO. Y no se atisban mejorías. Menos mal que cuentan con las organizaciones provida.
No es solidaria.
Si tomamos la solidadridad como sinónimo de apoyo, respaldo, ayuda o defensa, el aborto en sí mismo es justo lo contrario. Porque ni apoya a la mujer embarazada, ni respalda su situación, ni la ayuda a superarla ni, desde luego, defiende la vida que lleva dentro. Frente a los valores de entrega, caridad y amor a la vida de otro que promueven las organizaciones Provida, los partidarios del aborto transmiten conceptos puramente egoístas: mi cuerpo, mi derecho, mi bienestar, mi comodidad, mi vida… yo, mi, me, conmigo.
No es un logro de la sociedad.
Todos los expertos coinciden: el aborto es un fracaso de la sociedad. De toda la sociedad. «Falta una auténtica red social para evitar que una mujer, ante un embarazo no deseado, recurra al aborto. Yo aborté hace más de diez años y todavía hoy sufro sus consecuencias», denuncia Esperanza Puente. Existe una reveladora carencia de recursos e interés, por parte del Estado, tanto en el ámbito asistencial como en el ámbito de la formación y la información. Algo que, según Jesús Poveda, evitaría 3 de cada 4 abortos. Eso sí que sería un logro de la sociedad.
No defiende a la mujer.
Una ley de plazos que facilite el aborto y trate de banalizarlo no está en consonancia con lo que quieren las mujeres: «La mujer no demanda el aborto, sino que se le ayude
a seguir adelante con el embarazo. Cuando se les informa bien de las ayudas que puede recibir, tres de cada cuatro chicas de las que atendemos en la fundación siguen
adelante». Lo dice Conrado Giménez, y él lo sabe bien: en ocho años Fundación Madrina ha atendido a 133.000 mujeres. Defender a la mujer es informar de las opciones y ofrecer los apoyos necesarios para que puedan, si quieren, tener a su hijo y atenderlo. Y eso no lo hacen ni las asociaciones proabortistas ni, desde luego, el Estado.
No es progresista.
No dejar nacer a un ser humano es matar todo su futuro. No dejar nacer cientos de miles de seres humanos es matar el futuro de una sociedad. Y, de paso, envejecer considerablemente la población. ¿Es eso progreso? ¿Ésta es la evolución que queremos? El siguiente avance, en nombre de ese progreso, será quitarse de en medio a los improductivos ancianos. Y después a los enfermos, terminales o no. ¿Cuál será el siguiente paso?
No es moderno.
Ir de moderno con el hip hop del bombo puede ser ridículo a la vez que contraproducente. Ganarse los votos de los jóvenes anulando cualquier regla moral es una irresponsabilidad. Pero si además incitamos a las adolescentes a realizar un acto de gran trascendencia disfrazado de bagatela, sin contar con ayuda ni información ni formación, ni siquiera el consejo de sus padres, eso no es ser moderno, no es ser guai, no es ser colega, es ser miserable. ¿Qué pensarán cuando se enteren, unos años después, de que aquello que le extirparon del ‘bombo’ no era un quiste, sino un hijo, con sus piernas y brazos, sus ojos, su cerebro, su corazón palpitante y todo su futuro por vivir? La nueva ley convertirá el aborto en un medio de planificación familiar, en un método anticonceptivo que no va a hacer más felices a las adolescentes; sólo las hará más inconscientes y, a la larga, más desgraciadas.
No es inocuo.
Más bien inicuo (por cruel e injusto). Un aborto no es una irrelevante operación de apendicitis o de agmíldalas. Ni una liposucción (aunque haya métodos abortistas tristemente
parecidos). Es la muerte y extracción de un ser vivo singular, independiente de la madre que lo cobija. No se trata de desinflar un bombo lleno de aire -invisible, inodoro e indiferente-, como pretenden hacernos creer, especialmente a las frágiles mentes adolescentes. Es, en muchos casos, una experiencia traumática que puede provocar, además de las físicas, secuelas psicológicas severas cuando la mujer (o la niña) que ha abortado toma conciencia de la verdadera naturaleza de su acto. O sea, cuando es consciente de que lo que le han extirpado es a su propio hijo. «Las mujeres no nos embarazamos de lechugas, sino de hijos» dice Esperanza Puente. Los testimonios de mujeres arrepentidas son desgarradores, y tremendamente injustos (con ellas y con sus hijos no nacidos), porque una simple ecografía antes de la operación podía haber evitado dos víctimas.
No es libertad.
La auténtica libertad nace del respeto a la vida, de la humildad, y de la generosidad hacia el otro. Hoy, abolida la esclavitud, nadie es dueño de nadie; nadie es propiedad de nadie. Ni siquiera un hijo. La madre no concibe a su hijo como una propiedad suya; es más, tiene la obligación moral (y natural) de protegerlo hasta que se pueda valer por sí mismo, dentro y fuera de su cuerpo. Hasta que ese hijo pueda también ejercer su propia libertad.
No es “europeo”.
Continuamente se nos planta en la cara el ejemplo de países europeos “legislativamente más avanzados” que han superado el trauma del aborto y ahora son una sociedad feliz y sin complejos. Lo que nos ocultan es que esos países están reduciendo notablemente el número de abortos precisamente porque ahora están legislando a favor de la prevención, la información y la asistencia (notificación a los padres si un menor quiere abortar, supervisión de las clínicas, espera de 24 horas, información obligatoria de alternativas, los pacientes deberán saber que pueden ver al feto por imagen ultrasónica y escuchar el latido del corazón, etc.). Países como EE.UU. o Alemania, que han fomentado políticas de apoyo a la mujer embarazada y medidas de supervisión en los centros de aborto, o como Bélgica y Holanda, que tienen el porcentaje de abortos más bajo del continente pese a sus leyes más permisivas, gracias también a su política de educación sexual. Pero en lugar de aprender de los errores de los demás, preferimos cometer los nuestros. Muy patriota.
No es ciencia.
Frente a las simplezas demagógicas que argumentan los abortistas, la Declaración de Madrid es una de las iniciativas más importantes y tajantes de los últimos años en la lucha por la vida de los no nacidos y en defensa de la verdadera libertad y responsabilidad a la hora de decidir si abortar o no. Más de 2.000 profesores de universidad, investigadores, Académicos, médicos, científicos e intelectuales de diferentes profesiones y pensamientos se han unido para declarar que «existe sobrada evidencia científica de que la vida empieza en el momento de la fecundación. Los conocimientos más actuales de Genética, Biología Celular y Embriología así lo demuestran»; «el cigoto es la primera realidad corporal del ser humano (…) y su ADN es resultado de la adición de los genes paternos y maternos en una combinación nueva y singular»; «el embrión y el feto (…) no forman parte de la sustantividad ni de ningún órgano de la madre, aunque dependa de ésta para su propio desarrollo». Sobran los comentarios.
No es racional.
Para la Comisión de expertos de la ministra Aído, el feto no es viable a antes de la semana 22, y por tanto no es ser humano y por tanto es eliminable sin problemas. Pero a partir de ese tan preciso momento, por arte de magia, el feto ya sí es viable y por tanto se convierte en ser humano y por tanto ya no es eliminable. En teoría, claro, porque los centros abortistas reclaman un par de semanas más de feto no viable y por tanto eliminable y por tanto contabilizable. Todo muy racional y científico. Y yo me pregunto, ¿por qué no hasta la semana 21, y salvamos unas cuantas vidas? ¿O hasta la 33, que también es un número muy chulo y hacemos más negocio? ¿O hasta justo antes de cortar el cordón umbilical, que en el fondo es como si el feto siguiera dentro del cuerpo materno? ¿O, ya puestos, hasta que sepa alimentarse solito, que es cuando realmente se convierte en un ser humano viable, respetable
y digno?
No es democrático.
La nueva ley del aborto no formaba parte del programa del PSOE en las pasadas elecciones generales. El hecho de plantearla ahora, en plan sorpresa, no es precisamente una muestra del juego democrático (ése que los ciudadanos ejercen una vez cada cuatro años, y poco más). Si además añadimos que se está gestando (paradógica palabra) a puerta cerrada, prácticamente a escondidas, y sin apenas escuchar la voz de los objetores, el nivel de democracia no aumenta precisamente. Y si encima invade el terreno más íntimo de las personas, que es el de las propias convicciones morales, tratando de manipular las conciencias a favor de las tesis oficiales, todo atisbo de democracia se esfuma tan rápidamente como la esencia humana de un cigoto en manos de la ministra paritaria (que no paritoria).
No es un bien.
Nadie aborta por gusto o por placer. Las pro-abortistas saben que el aborto no es algo deseable en sí mismo, aunque se cuiden mucho de divulgar tan poco feminista idea. Destruir una vida nunca puede ser un bien. Engendrarla sí, por principio. Es curioso, además, cómo las mismas líneas de pensamiento que defienden el derecho a la vida de los animales, o detestan la pena de muerte de asesinos confesos, al mismo tiempo desprecian la vida inocente que nace de sus propios cuerpos. El propio presidente Zapatero reconoció que el Estado de Derecho obliga a tener «consideración a la vida» y se reafirmó en su «valor y responsabilidad de luchar por lo que creemos, que es el valor supremo de la vida». Claro que no se refería a la vida de los inocentes no-nacidos, sino a la del malnacido
De Juana Chaos.
No respeta los derechos humanos.
No me lo invento yo, lo dice la Declaración Universal de los Derechos Humanos: «… la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana…» (Primer punto del Preámbulo). «Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos» (Art. 1). «Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la
seguridad de su persona» (Art. 3).
No es económicamente rentable.
Con miles de intervenciones desde los 345 euros en la octava semana hasta los 6.000 por encima de las 22, el aborto es indudablemente un negocio no ya rentable, sino millonario. Y eso en tiempos de crisis. Pero sólo para los centros abortistas, claro.
Para el resto de la sociedad es, además de todo lo dicho anteriormente, una gigantesca pérdida económica. El presidente de Fundación Madrina, Conrado Giménez, ha evaluado en el 5% del PIB la pérdida de riqueza que supone el aborto en nuestro país en concepto de «pobreza y desierto demográfico» y por «la marginación y falta de conciliación que sufre la mujer madre en el mundo del trabajo» (un 25% de las mujeres embarazadas son despedidas). «Hasta un 6% del PIB podríamos invertirlo en apoyar a la mujer», calcula Giménez, con el fin de contrarrestar los efectos negativos del mobbing maternal y el consecuente aborto. Apuesto a que antes se lo gastarán en campañas de condones y bombos. Y por cierto, ¿cuánto nos cuesta cada adopción realizada en países extranjeros?
No es solución.
La única solución es que el aborto sea la última solución posible. El aborto es casi siempre un problema profundo. Para la madre, para su entorno familiar y laboral, para la sociedad… Por mucho que se empeñen las feministas liberadoras de cuerpos y conciencias, el aborto es un fracaso de principio a fin, y más allá. Desde el embarazo imprevisto hasta el trauma pos-aborto, pasando por las presiones y depresiones, las secuelas físicas y la soledad.
La única solución es evitarlo en lo posible. Pero ¿cómo? Tal vez encontremos la clave en lo que afirma el doctor Poveda: «dejan de abortar los que dejan de ignorar. De hecho, el ecógrafo de cuatro dimensiones es el aparato que más vidas está salvando, porque con él se ve muy bien lo que ocurre y lo que hay en el vientre de la mujer, y ver es informar. (…) El éxito de salvar una vida pasa porque la madre vaya al ginecólogo y vea la ecografía de su hijo; y luego, que desde las asociaciones provida seamos capaces de solucionar esas cuestiones que llevan a la mujer a recurrir al aborto». «Quien salva a un hombre salva a la humanidad», dice el Talmud. Digo yo que también será aplicable a las mujeres y a sus hijos.
Los provida no son de derechas.
La bipolaridad izquierda-derecha asociada a defensa-rechazo del aborto es absolutamente infundada. Hay miles de votantes del PSOE que consideran esta nueva ley una locura sangrienta e innecesaria. El problema es que, salvo excepciones (Manuel Arbeloa, Francisco Vázquez) pocos políticos socialistas se pronuncian en ese sentido. Pero sí los ciudadanos: «no hay en nuestros días una afirmación más reaccionaria que la del derecho de una persona sobre la vida del hijo no nacido. Es el derecho de propiedad más absoluto concebible, más allá del derecho del amo sobre el esclavo. Y es una vergüenza para la izquierda que levante la bandera del ese pretendido derecho». Lo dicen los Socialistas Cristianos. «No sólo somos izquierda y rechazamos el aborto, sino que lo rechazamos precisamente por serlo (…) Debemos hacer que el vientre de la madre sea el lugar que la naturaleza ha hecho que sea: el lugar más protegido».
Igualmente hay muchos políticos y votantes del PP (y de la derecha en general) que ante el drama del aborto simplemente no saben, no contestan. O incluso lo apoyan.
No son la Iglesia Católica.
Es también muy recurrente y maniqueo asociar a la Iglesia Católica con los ataques al proabortismo (más que con la defensa de la vida). La mismísima Leire Pajín avisa a los
obispos de que «no confundan política y religión». Pero no cuela. La defensa de la vida del no-nacido no es una cuestión de fe religiosa. Iglesias de TODAS las confesiones defienden el valor universal de cada persona y por tanto se oponen al aborto como concepto. Pero no confundamos esta batalla con una lucha religiosa. Existen muchos ateos y agnósticos que defienden la vida humana como principio. Y también hay no pocos católicos confesos que defienden abiertamente el derecho al aborto (Asociación de Católicas por el Derecho a Decidir; o el propio Pepiño) y otros muchos que no defienden ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario.
Por otro lado, la mayoría de las Organizaciones y Fundaciones Provida son aconfesionales, y su única religión es la defensa de la vida del no-nacido y el apoyo sin condiciones a la mujer, cualesquiera que sean sus creencias y sus circunstancias.
No son fundamentalistas.
Ni la Iglesia ni los movimientos provida pretenden que se encierre en la cárcel a la mujer que aborta (ni quieren acabar con el lince ibérico, dicho sea de paso); es más, son los únicos que se ponen siempre del lado de la mujer, al contrario que organizaciones pretendidamente feministas (y en realidad bastante integristas), que lo único que persiguen es que la mujer aborte, sí o sí, independientemente de sus circunstancias. Los provida rechazan el aborto, pero no a la mujer que aborta, de modo muy especial si se ve obligada a realizarlo como única salida, no como opción, por no contar con ningún otro tipo de ayuda ni alternativa.
Por eso centran todo su esfuerzo en reducir el número de abortos indeseados, que son la inmensa mayoría. Y lo hacen con respeto, entrega, generosidad y gran sacrificio personal.
Su único enemigo, por llamarlo de alguna manera, son los centros abortistas que hacen del aborto un multimillonario negocio, trampeando las leyes vigentes. Los mismos que piden más semanas de inviabilidad para aumentar su contabilidad, los mismos que reconocen ser capaces de cualquier cosa por dinero, los mismos que trituran fetos de 26 semanas o más a tanto el gramo, los mismos que empujan a una menor a abortar ilegalmente en aguas
internacionales…
Conclusión
Probablemente no podamos hacer ni deshacer la nueva Ley del Aborto, que saldrá tal y como quiere la ministra, o sea, tal y como aconsejan sus expertos y tal y como desean los centros
abortistas. Pero las consejerías de salud de cada Comunidad Autónoma sí pueden reglamentar la aplicación de esa Ley; es decir, pueden poner condiciones legales al nuevo “derecho”, como favorecer la vida, reconocer la objeción de conciencia, desarrollar una normativa estricta, controlar los centros abortistas y castigarlos con sanciones ejemplares en caso de incumplimiento; pueden implantar políticas de prevención y de información, planes de apoyo a la maternidad, periodo de reflexión, mesas de conciliación, pedagogía pública contra el aborto, políticas de adopción (¿cuántos miles de parejas se desesperan esperando una adopción que no llega?)…
¿Y qué podemos hacer los ciudadanos de a pie? Pues tener las ideas claras, para empezar. Y apoyar cualquier iniciativa que respete la vida, con nuestras simpatías, con nuestra presencia, con nuestra involucración, con nuestra difusión… y con ayudas económicas que el gobierno no va a proporcionar. También es nuestra responsabilidad moral, y debe ser nuestra batalla. Ortega y Gasset decía «el mayor crimen está ahora, no en los que matan, sino en los que no matan pero dejan matar». Ignoro si el presidente Zapatero y su Ministra conocen esta sentencia; tampoco sé si la entenderían. Nosotros sí. Apliquémonosla. Termino con una cita del poeta y filósofo bengalí Rabindranath Tagore, Nobel de literatura en 1913, que no era precisamente católico ni de derechas ni machista confeso ni sospechoso de fundamentalismo ninguno: «La vida nos la dan y la merecemos dándola».
No es voluntaria.
Si no se dan opciones, si no se facilitan alternativas, la decisión no es voluntaria, es obligatoria. En los abortorios de España no les muestran las ecografías de su embarazo, ni les informan de alternativas distintas a abortar, porque la ley no les obliga a hacerlo, como sucede en otros países. Un 75% de las mujeres que abortan no lo hacen por decisión libre, sino acosadas por grandes dificultades frente a las que no ven otra salida.
Sólo es libre quien tiene alternativas para optar. Y muchas mujeres se ven obligadas por presionesinsoportables de sus parejas, de sus familias y de su trabajo.
No es feminista.
La activista Beatriz Gimeno afirma que «en el fondo del debate sobre el aborto late el miedo milenario a que las mujeres controlen sus cuerpos y su sexualidad sin permiso de los hombres» Ésta es una de las falacias más tópicas y recurrentes.
Sin embargo, lo que subyace en el aborto es un machismo despiadado, ejercido también por las (y los) feministas radicales.
Para Conrado Giménez, presidente de Fundación Madrina, «El problema es el acoso que sufre la mujer por el hecho de ser madre, el mobbing maternal, en tres entornos: personal, familiar,
social y laboral. El 68% de las mujeres que atendemos sufren violencia de género (…) El 60% de las mujeres maltratadas manifiestan que han abortado al menos una vez.» Además, 9
de cada 10 embarazadas sufren acoso en el trabajo y el 25% son despedidas.
No es un derecho.
Toda mujer tiene derecho a recibir una educación sexual adecuada. Tiene derecho a recibir información sobre las alternativas. Tiene derecho a recibir asistencia psicológica y sanitaria. Tiene derecho a recibir ayuda económica. Pero ninguna tiene derecho a matar una vida. Aunque viva dentro de su cuerpo. Es esa vida la que tiene derecho a ser protegida. Igual que tampoco existe el derecho a adoptar, sino a ser adoptado.
No es socialista.
Más bien lo contrario, es absolutamente capitalista. Las clínicas abortistas son un negocio millonario amparado por el Estado y los Gobiernos Autonómicos. En muchos casos su único fin es el lucro, que por 3.200 euros son capaces de abortar a un no nacido sano de 26 semanas,sin peligro alguno para la madre, como demuestran infinidad de testimonios (no sólo sobre el ‘doctor’ Morín). Como dice el doctor Jesús Poveda «El camino hacia un abortorio
es más conocido y más facilitado que el camino hacia los ginecólogos que defienden y respetan la vida». Por algo será.
No es salud.
Ni sexual ni reproductiva, ni física ni psicológica, ni operatoria ni postoperatoria. Los centros de aborto no informan a la mujer sobre los detalles de este tipo de intervención, las consecuencias físicas y psicológicas que tiene. Secuelas y efectos que van desde su muerte, perforaciones uterinas, pérdidas y prematuridad del siguiente hijo, alteraciones del
deseo sexual, esterilidad y graves alteraciones psiquiátricas.El síndrome pos-aborto es una traumática y dolorosa realidad que siempre se ha tratado de ocultar.
No es política social.
Nacidas como contrapeso a las injusticias sociales y laborales de la Revolución Industrial, hoy el objetivo de las políticas sociales es la búsqueda del bienestar y la mejoría de las
condiciones materiales de vida de la población. El espíritu es el mismo: amparar y proteger a los más desvaforecidos, con especial dedicación a los eslabones más débiles de la sociedad, esto es, los pobres, los inmigrantes, los desempleados, los minusválidos, los niños… y digo yo que también las mujeres embarazadas sin recursos y los niños no nacidos. Pero no.Los programas sociales del Estado destinados a mujeres embarazadas sin recursos que quieran tener a su hijo son directamente CERO. Y no se atisban mejorías. Menos mal que cuentan con las organizaciones provida.
No es solidaria.
Si tomamos la solidadridad como sinónimo de apoyo, respaldo, ayuda o defensa, el aborto en sí mismo es justo lo contrario. Porque ni apoya a la mujer embarazada, ni respalda su situación, ni la ayuda a superarla ni, desde luego, defiende la vida que lleva dentro. Frente a los valores de entrega, caridad y amor a la vida de otro que promueven las organizaciones Provida, los partidarios del aborto transmiten conceptos puramente egoístas: mi cuerpo, mi derecho, mi bienestar, mi comodidad, mi vida… yo, mi, me, conmigo.
No es un logro de la sociedad.
Todos los expertos coinciden: el aborto es un fracaso de la sociedad. De toda la sociedad. «Falta una auténtica red social para evitar que una mujer, ante un embarazo no deseado, recurra al aborto. Yo aborté hace más de diez años y todavía hoy sufro sus consecuencias», denuncia Esperanza Puente. Existe una reveladora carencia de recursos e interés, por parte del Estado, tanto en el ámbito asistencial como en el ámbito de la formación y la información. Algo que, según Jesús Poveda, evitaría 3 de cada 4 abortos. Eso sí que sería un logro de la sociedad.
No defiende a la mujer.
Una ley de plazos que facilite el aborto y trate de banalizarlo no está en consonancia con lo que quieren las mujeres: «La mujer no demanda el aborto, sino que se le ayude
a seguir adelante con el embarazo. Cuando se les informa bien de las ayudas que puede recibir, tres de cada cuatro chicas de las que atendemos en la fundación siguen
adelante». Lo dice Conrado Giménez, y él lo sabe bien: en ocho años Fundación Madrina ha atendido a 133.000 mujeres. Defender a la mujer es informar de las opciones y ofrecer los apoyos necesarios para que puedan, si quieren, tener a su hijo y atenderlo. Y eso no lo hacen ni las asociaciones proabortistas ni, desde luego, el Estado.
No es progresista.
No dejar nacer a un ser humano es matar todo su futuro. No dejar nacer cientos de miles de seres humanos es matar el futuro de una sociedad. Y, de paso, envejecer considerablemente la población. ¿Es eso progreso? ¿Ésta es la evolución que queremos? El siguiente avance, en nombre de ese progreso, será quitarse de en medio a los improductivos ancianos. Y después a los enfermos, terminales o no. ¿Cuál será el siguiente paso?
No es moderno.
Ir de moderno con el hip hop del bombo puede ser ridículo a la vez que contraproducente. Ganarse los votos de los jóvenes anulando cualquier regla moral es una irresponsabilidad. Pero si además incitamos a las adolescentes a realizar un acto de gran trascendencia disfrazado de bagatela, sin contar con ayuda ni información ni formación, ni siquiera el consejo de sus padres, eso no es ser moderno, no es ser guai, no es ser colega, es ser miserable. ¿Qué pensarán cuando se enteren, unos años después, de que aquello que le extirparon del ‘bombo’ no era un quiste, sino un hijo, con sus piernas y brazos, sus ojos, su cerebro, su corazón palpitante y todo su futuro por vivir? La nueva ley convertirá el aborto en un medio de planificación familiar, en un método anticonceptivo que no va a hacer más felices a las adolescentes; sólo las hará más inconscientes y, a la larga, más desgraciadas.
No es inocuo.
Más bien inicuo (por cruel e injusto). Un aborto no es una irrelevante operación de apendicitis o de agmíldalas. Ni una liposucción (aunque haya métodos abortistas tristemente
parecidos). Es la muerte y extracción de un ser vivo singular, independiente de la madre que lo cobija. No se trata de desinflar un bombo lleno de aire -invisible, inodoro e indiferente-, como pretenden hacernos creer, especialmente a las frágiles mentes adolescentes. Es, en muchos casos, una experiencia traumática que puede provocar, además de las físicas, secuelas psicológicas severas cuando la mujer (o la niña) que ha abortado toma conciencia de la verdadera naturaleza de su acto. O sea, cuando es consciente de que lo que le han extirpado es a su propio hijo. «Las mujeres no nos embarazamos de lechugas, sino de hijos» dice Esperanza Puente. Los testimonios de mujeres arrepentidas son desgarradores, y tremendamente injustos (con ellas y con sus hijos no nacidos), porque una simple ecografía antes de la operación podía haber evitado dos víctimas.
No es libertad.
La auténtica libertad nace del respeto a la vida, de la humildad, y de la generosidad hacia el otro. Hoy, abolida la esclavitud, nadie es dueño de nadie; nadie es propiedad de nadie. Ni siquiera un hijo. La madre no concibe a su hijo como una propiedad suya; es más, tiene la obligación moral (y natural) de protegerlo hasta que se pueda valer por sí mismo, dentro y fuera de su cuerpo. Hasta que ese hijo pueda también ejercer su propia libertad.
No es “europeo”.
Continuamente se nos planta en la cara el ejemplo de países europeos “legislativamente más avanzados” que han superado el trauma del aborto y ahora son una sociedad feliz y sin complejos. Lo que nos ocultan es que esos países están reduciendo notablemente el número de abortos precisamente porque ahora están legislando a favor de la prevención, la información y la asistencia (notificación a los padres si un menor quiere abortar, supervisión de las clínicas, espera de 24 horas, información obligatoria de alternativas, los pacientes deberán saber que pueden ver al feto por imagen ultrasónica y escuchar el latido del corazón, etc.). Países como EE.UU. o Alemania, que han fomentado políticas de apoyo a la mujer embarazada y medidas de supervisión en los centros de aborto, o como Bélgica y Holanda, que tienen el porcentaje de abortos más bajo del continente pese a sus leyes más permisivas, gracias también a su política de educación sexual. Pero en lugar de aprender de los errores de los demás, preferimos cometer los nuestros. Muy patriota.
No es ciencia.
Frente a las simplezas demagógicas que argumentan los abortistas, la Declaración de Madrid es una de las iniciativas más importantes y tajantes de los últimos años en la lucha por la vida de los no nacidos y en defensa de la verdadera libertad y responsabilidad a la hora de decidir si abortar o no. Más de 2.000 profesores de universidad, investigadores, Académicos, médicos, científicos e intelectuales de diferentes profesiones y pensamientos se han unido para declarar que «existe sobrada evidencia científica de que la vida empieza en el momento de la fecundación. Los conocimientos más actuales de Genética, Biología Celular y Embriología así lo demuestran»; «el cigoto es la primera realidad corporal del ser humano (…) y su ADN es resultado de la adición de los genes paternos y maternos en una combinación nueva y singular»; «el embrión y el feto (…) no forman parte de la sustantividad ni de ningún órgano de la madre, aunque dependa de ésta para su propio desarrollo». Sobran los comentarios.
No es racional.
Para la Comisión de expertos de la ministra Aído, el feto no es viable a antes de la semana 22, y por tanto no es ser humano y por tanto es eliminable sin problemas. Pero a partir de ese tan preciso momento, por arte de magia, el feto ya sí es viable y por tanto se convierte en ser humano y por tanto ya no es eliminable. En teoría, claro, porque los centros abortistas reclaman un par de semanas más de feto no viable y por tanto eliminable y por tanto contabilizable. Todo muy racional y científico. Y yo me pregunto, ¿por qué no hasta la semana 21, y salvamos unas cuantas vidas? ¿O hasta la 33, que también es un número muy chulo y hacemos más negocio? ¿O hasta justo antes de cortar el cordón umbilical, que en el fondo es como si el feto siguiera dentro del cuerpo materno? ¿O, ya puestos, hasta que sepa alimentarse solito, que es cuando realmente se convierte en un ser humano viable, respetable
y digno?
No es democrático.
La nueva ley del aborto no formaba parte del programa del PSOE en las pasadas elecciones generales. El hecho de plantearla ahora, en plan sorpresa, no es precisamente una muestra del juego democrático (ése que los ciudadanos ejercen una vez cada cuatro años, y poco más). Si además añadimos que se está gestando (paradógica palabra) a puerta cerrada, prácticamente a escondidas, y sin apenas escuchar la voz de los objetores, el nivel de democracia no aumenta precisamente. Y si encima invade el terreno más íntimo de las personas, que es el de las propias convicciones morales, tratando de manipular las conciencias a favor de las tesis oficiales, todo atisbo de democracia se esfuma tan rápidamente como la esencia humana de un cigoto en manos de la ministra paritaria (que no paritoria).
No es un bien.
Nadie aborta por gusto o por placer. Las pro-abortistas saben que el aborto no es algo deseable en sí mismo, aunque se cuiden mucho de divulgar tan poco feminista idea. Destruir una vida nunca puede ser un bien. Engendrarla sí, por principio. Es curioso, además, cómo las mismas líneas de pensamiento que defienden el derecho a la vida de los animales, o detestan la pena de muerte de asesinos confesos, al mismo tiempo desprecian la vida inocente que nace de sus propios cuerpos. El propio presidente Zapatero reconoció que el Estado de Derecho obliga a tener «consideración a la vida» y se reafirmó en su «valor y responsabilidad de luchar por lo que creemos, que es el valor supremo de la vida». Claro que no se refería a la vida de los inocentes no-nacidos, sino a la del malnacido
De Juana Chaos.
No respeta los derechos humanos.
No me lo invento yo, lo dice la Declaración Universal de los Derechos Humanos: «… la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana…» (Primer punto del Preámbulo). «Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos» (Art. 1). «Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la
seguridad de su persona» (Art. 3).
No es económicamente rentable.
Con miles de intervenciones desde los 345 euros en la octava semana hasta los 6.000 por encima de las 22, el aborto es indudablemente un negocio no ya rentable, sino millonario. Y eso en tiempos de crisis. Pero sólo para los centros abortistas, claro.
Para el resto de la sociedad es, además de todo lo dicho anteriormente, una gigantesca pérdida económica. El presidente de Fundación Madrina, Conrado Giménez, ha evaluado en el 5% del PIB la pérdida de riqueza que supone el aborto en nuestro país en concepto de «pobreza y desierto demográfico» y por «la marginación y falta de conciliación que sufre la mujer madre en el mundo del trabajo» (un 25% de las mujeres embarazadas son despedidas). «Hasta un 6% del PIB podríamos invertirlo en apoyar a la mujer», calcula Giménez, con el fin de contrarrestar los efectos negativos del mobbing maternal y el consecuente aborto. Apuesto a que antes se lo gastarán en campañas de condones y bombos. Y por cierto, ¿cuánto nos cuesta cada adopción realizada en países extranjeros?
No es solución.
La única solución es que el aborto sea la última solución posible. El aborto es casi siempre un problema profundo. Para la madre, para su entorno familiar y laboral, para la sociedad… Por mucho que se empeñen las feministas liberadoras de cuerpos y conciencias, el aborto es un fracaso de principio a fin, y más allá. Desde el embarazo imprevisto hasta el trauma pos-aborto, pasando por las presiones y depresiones, las secuelas físicas y la soledad.
La única solución es evitarlo en lo posible. Pero ¿cómo? Tal vez encontremos la clave en lo que afirma el doctor Poveda: «dejan de abortar los que dejan de ignorar. De hecho, el ecógrafo de cuatro dimensiones es el aparato que más vidas está salvando, porque con él se ve muy bien lo que ocurre y lo que hay en el vientre de la mujer, y ver es informar. (…) El éxito de salvar una vida pasa porque la madre vaya al ginecólogo y vea la ecografía de su hijo; y luego, que desde las asociaciones provida seamos capaces de solucionar esas cuestiones que llevan a la mujer a recurrir al aborto». «Quien salva a un hombre salva a la humanidad», dice el Talmud. Digo yo que también será aplicable a las mujeres y a sus hijos.
Los provida no son de derechas.
La bipolaridad izquierda-derecha asociada a defensa-rechazo del aborto es absolutamente infundada. Hay miles de votantes del PSOE que consideran esta nueva ley una locura sangrienta e innecesaria. El problema es que, salvo excepciones (Manuel Arbeloa, Francisco Vázquez) pocos políticos socialistas se pronuncian en ese sentido. Pero sí los ciudadanos: «no hay en nuestros días una afirmación más reaccionaria que la del derecho de una persona sobre la vida del hijo no nacido. Es el derecho de propiedad más absoluto concebible, más allá del derecho del amo sobre el esclavo. Y es una vergüenza para la izquierda que levante la bandera del ese pretendido derecho». Lo dicen los Socialistas Cristianos. «No sólo somos izquierda y rechazamos el aborto, sino que lo rechazamos precisamente por serlo (…) Debemos hacer que el vientre de la madre sea el lugar que la naturaleza ha hecho que sea: el lugar más protegido».
Igualmente hay muchos políticos y votantes del PP (y de la derecha en general) que ante el drama del aborto simplemente no saben, no contestan. O incluso lo apoyan.
No son la Iglesia Católica.
Es también muy recurrente y maniqueo asociar a la Iglesia Católica con los ataques al proabortismo (más que con la defensa de la vida). La mismísima Leire Pajín avisa a los
obispos de que «no confundan política y religión». Pero no cuela. La defensa de la vida del no-nacido no es una cuestión de fe religiosa. Iglesias de TODAS las confesiones defienden el valor universal de cada persona y por tanto se oponen al aborto como concepto. Pero no confundamos esta batalla con una lucha religiosa. Existen muchos ateos y agnósticos que defienden la vida humana como principio. Y también hay no pocos católicos confesos que defienden abiertamente el derecho al aborto (Asociación de Católicas por el Derecho a Decidir; o el propio Pepiño) y otros muchos que no defienden ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario.
Por otro lado, la mayoría de las Organizaciones y Fundaciones Provida son aconfesionales, y su única religión es la defensa de la vida del no-nacido y el apoyo sin condiciones a la mujer, cualesquiera que sean sus creencias y sus circunstancias.
No son fundamentalistas.
Ni la Iglesia ni los movimientos provida pretenden que se encierre en la cárcel a la mujer que aborta (ni quieren acabar con el lince ibérico, dicho sea de paso); es más, son los únicos que se ponen siempre del lado de la mujer, al contrario que organizaciones pretendidamente feministas (y en realidad bastante integristas), que lo único que persiguen es que la mujer aborte, sí o sí, independientemente de sus circunstancias. Los provida rechazan el aborto, pero no a la mujer que aborta, de modo muy especial si se ve obligada a realizarlo como única salida, no como opción, por no contar con ningún otro tipo de ayuda ni alternativa.
Por eso centran todo su esfuerzo en reducir el número de abortos indeseados, que son la inmensa mayoría. Y lo hacen con respeto, entrega, generosidad y gran sacrificio personal.
Su único enemigo, por llamarlo de alguna manera, son los centros abortistas que hacen del aborto un multimillonario negocio, trampeando las leyes vigentes. Los mismos que piden más semanas de inviabilidad para aumentar su contabilidad, los mismos que reconocen ser capaces de cualquier cosa por dinero, los mismos que trituran fetos de 26 semanas o más a tanto el gramo, los mismos que empujan a una menor a abortar ilegalmente en aguas
internacionales…
Conclusión
Probablemente no podamos hacer ni deshacer la nueva Ley del Aborto, que saldrá tal y como quiere la ministra, o sea, tal y como aconsejan sus expertos y tal y como desean los centros
abortistas. Pero las consejerías de salud de cada Comunidad Autónoma sí pueden reglamentar la aplicación de esa Ley; es decir, pueden poner condiciones legales al nuevo “derecho”, como favorecer la vida, reconocer la objeción de conciencia, desarrollar una normativa estricta, controlar los centros abortistas y castigarlos con sanciones ejemplares en caso de incumplimiento; pueden implantar políticas de prevención y de información, planes de apoyo a la maternidad, periodo de reflexión, mesas de conciliación, pedagogía pública contra el aborto, políticas de adopción (¿cuántos miles de parejas se desesperan esperando una adopción que no llega?)…
¿Y qué podemos hacer los ciudadanos de a pie? Pues tener las ideas claras, para empezar. Y apoyar cualquier iniciativa que respete la vida, con nuestras simpatías, con nuestra presencia, con nuestra involucración, con nuestra difusión… y con ayudas económicas que el gobierno no va a proporcionar. También es nuestra responsabilidad moral, y debe ser nuestra batalla. Ortega y Gasset decía «el mayor crimen está ahora, no en los que matan, sino en los que no matan pero dejan matar». Ignoro si el presidente Zapatero y su Ministra conocen esta sentencia; tampoco sé si la entenderían. Nosotros sí. Apliquémonosla. Termino con una cita del poeta y filósofo bengalí Rabindranath Tagore, Nobel de literatura en 1913, que no era precisamente católico ni de derechas ni machista confeso ni sospechoso de fundamentalismo ninguno: «La vida nos la dan y la merecemos dándola».
viernes, 31 de julio de 2009
UN CIUDADANO, UN VOTO
Un cada vez más extenso grupo de ciudadanos considera una urgente necesidad democrática reformar la actual Ley Electoral.
No es de justicia que a Izquierda Unida le cueste cada escaño 481.520 votos y a UPyD 303.535 votos mientras que al PNV le cuesta solamente 50.541, a Nafarroa Bai 62.073, al PSOE 65.470 y al PP 66.470 votos.
No es equitativo que IU, tercera fuerza política en número de votos obtenga 2 escaños con 900.000 votos y UPyD, quinta fuerza política con 300.000 alcance únicamente 1 asiento en el Parlamento mientras el PNV con 300.000 votos consigue 6 diputados.
Este sistema adultera la voluntad de los ciudadanos emitida en las urnas, escamotea la representatividad y proporcionalidad de un sistema multipartidista como el español y burla el deseo de gran parte de los votantes que observan como su voto no vale nada en virtud de una Ley Electoral caduca.
Por tanto:
Exigimos a las dos grandes formaciones políticas españolas una profunda reflexión sobre el tema desvinculada de sus intereses partidistas, coyunturales y electorales.
Reclamamos que escuchen las voces que se alzan en la sociedad representando a una mayoría deseosa de un cambio que permita que el voto de todos los ciudadanos tenga el mismo valor.
Demandamos una reforma de la actual Ley Electoral, por injusta y alejada del principio "Un ciudadano, un voto".
No es de justicia que a Izquierda Unida le cueste cada escaño 481.520 votos y a UPyD 303.535 votos mientras que al PNV le cuesta solamente 50.541, a Nafarroa Bai 62.073, al PSOE 65.470 y al PP 66.470 votos.
No es equitativo que IU, tercera fuerza política en número de votos obtenga 2 escaños con 900.000 votos y UPyD, quinta fuerza política con 300.000 alcance únicamente 1 asiento en el Parlamento mientras el PNV con 300.000 votos consigue 6 diputados.
Este sistema adultera la voluntad de los ciudadanos emitida en las urnas, escamotea la representatividad y proporcionalidad de un sistema multipartidista como el español y burla el deseo de gran parte de los votantes que observan como su voto no vale nada en virtud de una Ley Electoral caduca.
Por tanto:
Exigimos a las dos grandes formaciones políticas españolas una profunda reflexión sobre el tema desvinculada de sus intereses partidistas, coyunturales y electorales.
Reclamamos que escuchen las voces que se alzan en la sociedad representando a una mayoría deseosa de un cambio que permita que el voto de todos los ciudadanos tenga el mismo valor.
Demandamos una reforma de la actual Ley Electoral, por injusta y alejada del principio "Un ciudadano, un voto".
POR UNA REFORMA DE LA LEY ELECTORAL.
UN CIUDADANO, UN VOTO.
http://reformaleyelectoral.blogspot.com
Sueldos de los presidentes de los 17 miniestados españoles

1. José Montilla - Cataluña 164.043,54 euros
2. Juan José Ibarretxe - País Vasco 99.574 euros
3. Esperanza Aguirre - Madrid 98.700 euros
4. Marcelino Iglesias - Aragón 87.000 euros
5. Emilio Pérez Touriño - Galicia 83.374 euros
6. Paulino Rivero - Canarias 79.963 euros
7. Manuel Chaves - Andalucía 78.791 euros
8. Juan Vicente Herrera- Castilla y León 78.791 euros
9. José María Barreda - Castilla La-Mancha 78.791 euros
10. José Luis Valcárcel - Murcia 78.791 euros
11. Miguel Sanz - Navarra 78.227,94 euros
12. Francisco Camps - C. Valenciana 77.988,24 euros
13. Francesc Antich - Baleares 70.657,86 euros
14. Miguel Ángel Revilla - Cantabria 68.666 euros
15. Vicente álvarez Areces - Asturias 68.002 euros
16. Pedro Sanz - La Rioja 63.376,32 euros
17. Guillermo Fernández Vara - Extremadura 54.244,56 euros
Alcalde de Madrid 90.590 euros
Zapatero - España 89.303,29 euros
Cada diputado 3.020,79 euros al mes. Además, los elegidos en provincias diferentes a Madrid cobran +1.762,18 euros en concepto de indemnización, esto es, para afrontar los gastos de alojamiento y manutención, con lo que el salario se eleva a cerca de 4.800 euros.
Por el mismo concepto, los parlamentarios elegidos en la capital reciben 841,12 euros. Además, todos reciben dietas para desplazamientos cubiertos por la Cámara, 150 euros al día en el extranjero y a 120 en viajes por el territorio nacional.
Los vicepresidentes, perciben 83.936,16 euros cada uno.
Cada ministro 78.781,28 euros.
Y el Presidente del Congreso 181.106 euros.
Fuente: Expansion.com y tusalario.es
Cifras de 2007.
Teniendo en cuenta que el salario medio de los españoles es de 21.150€ y de que las autonomías solo sirven para exprimir a las arcas del Estado me veo en la obligación moral de pedir su supresión o por lo menos de su clase política tales como:
-Supresión de los 17 congresos de los 17 miniridicuestados. Cientos y cientos de diputados sanguijuelas dejarían de chupar del bote.
-Supresión de los miniridicuministerios también llamados consejerías que no sirven prácticamente para nada.
-Por supuesto, fuera los presidentes, presidents, lendakaris y demás caciques. Su único objetivo es pedir, pedir y pedir (no solo dinero).
No solo nos ahorraríamos el sueldo de toda esta chusma, también las dietas, todas las comidas y cenas de negocios millonarias en los mejores restaurantes.... y los chanchullos que tienen cada uno untando con nuestro dinero a millonarios mafiosos.
Y esto solo sería el principio.
Revolución fiscal ya!
miércoles, 20 de mayo de 2009
Aborto libre y secreto para niñas
Ni decreto, ni reforma. Directamente una nueva ley regulará el aborto en España. El objetivo del Gobierno es frenar el incremento progresivo de los embarazos no deseados.
¿No sería mejor informar y formar más a los jóvenes para que no se queden embarazadas?
Pero digo yo, ¿tan malo es que nazcan niños, tan interesados están en que la edad media de la embarazada sea de 30 años?
Puntos clave de la reforma:
*Aborto LIBRE durante las primeras 14 semanas. ¿Tanto tiempo para decidirlo?
*Hasta las 22 semanas por problemas en el feto o peligro para la madre. Y hasta el MES 12 por peligro serio.
*A partir de 16 años se podrá abortar sin consentimiento paterno.
El presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, se mostró a favor del anteproyecto de ley que haría legal que las jóvenes de 16 años puedan abortar sin consentimiento de sus padres. Explicó que el asunto medular es defender la decisión de la mujer y evitar "interferencias", una decisión que debe ser "libre e íntima".
(¿Desde cuando el apoyo y consejo e los padres es una interferencia?)
La ministra de Igualdad fue preguntada por un oyente en la cadena SER si un feto de trece semanas, que a él se le asemeja mucho a un bebé, a un ser vivo, lo es; ella respondió: "Un ser vivo, claro, lo que no podemos hablar es de ser humano porque eso no tiene ninguna base científica".
(Parece que acabamos de descubrir que exiten seres vivos sin condición de especie ¿?)
Se amparan en que una menor puede hacerse un aumento de pecho sin permiso paterno algo que de por sí es escandaloso. Pero en cambio no pueden hacerse un tatuaje, votar, no pueden conducir un coche, no pueden abrir una cuenta en el banco sin permiso...
Por otro lado, ¿no debería promover la ley la ministra de SANIDAD? ¿Qué pinta la de IGUALDAD que se supone solo está para promover la igualdad entre hombre y mujer?
Pensemos en un ejemplo, una niña de 16 años sale por la noche, se emborracha y se queda embarazada de su noviete o de un desconocido.
Le da miedo decirselo a sus padres por si se enfadan. Lo primero que le viene a la cabeza es no estar embarazada!
*(Antes de la nueva ley).
No tendría más remedio que decírselo a sus padres. El disgusto sería importante para los 3. Según la ética y la moral de esa familia le aconsejarían o incluso obligarían tener el hijo, y con su ayuda criarlo. Si es tan mayor como para salir por la noche, ir con chicos y beber alcohol, también lo es para responsabilizarse de sus actos razonablemente O le acomsejarían o incluso obligarían a que abortase, para acabar con los supuestos problemas de educación de la niña y de paso con la futura mala imagen de la la familia. Es que no estás preparada le dirían.
¿No sería mejor informar y formar más a los jóvenes para que no se queden embarazadas?
Pero digo yo, ¿tan malo es que nazcan niños, tan interesados están en que la edad media de la embarazada sea de 30 años?
Puntos clave de la reforma:
*Aborto LIBRE durante las primeras 14 semanas. ¿Tanto tiempo para decidirlo?
*Hasta las 22 semanas por problemas en el feto o peligro para la madre. Y hasta el MES 12 por peligro serio.
*A partir de 16 años se podrá abortar sin consentimiento paterno.
El presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, se mostró a favor del anteproyecto de ley que haría legal que las jóvenes de 16 años puedan abortar sin consentimiento de sus padres. Explicó que el asunto medular es defender la decisión de la mujer y evitar "interferencias", una decisión que debe ser "libre e íntima".
(¿Desde cuando el apoyo y consejo e los padres es una interferencia?)
La ministra de Igualdad fue preguntada por un oyente en la cadena SER si un feto de trece semanas, que a él se le asemeja mucho a un bebé, a un ser vivo, lo es; ella respondió: "Un ser vivo, claro, lo que no podemos hablar es de ser humano porque eso no tiene ninguna base científica".
(Parece que acabamos de descubrir que exiten seres vivos sin condición de especie ¿?)
Se amparan en que una menor puede hacerse un aumento de pecho sin permiso paterno algo que de por sí es escandaloso. Pero en cambio no pueden hacerse un tatuaje, votar, no pueden conducir un coche, no pueden abrir una cuenta en el banco sin permiso...
Por otro lado, ¿no debería promover la ley la ministra de SANIDAD? ¿Qué pinta la de IGUALDAD que se supone solo está para promover la igualdad entre hombre y mujer?
Pensemos en un ejemplo, una niña de 16 años sale por la noche, se emborracha y se queda embarazada de su noviete o de un desconocido.
Le da miedo decirselo a sus padres por si se enfadan. Lo primero que le viene a la cabeza es no estar embarazada!
*(Antes de la nueva ley).
No tendría más remedio que decírselo a sus padres. El disgusto sería importante para los 3. Según la ética y la moral de esa familia le aconsejarían o incluso obligarían tener el hijo, y con su ayuda criarlo. Si es tan mayor como para salir por la noche, ir con chicos y beber alcohol, también lo es para responsabilizarse de sus actos razonablemente O le acomsejarían o incluso obligarían a que abortase, para acabar con los supuestos problemas de educación de la niña y de paso con la futura mala imagen de la la familia. Es que no estás preparada le dirían.
*(Con la nueva ley).
La niña no se lo confiesa a sus padres y presa del miedo va al médico y aborta. Sus padres no pueden aconsejarle ni apoyarle.
También hay que pensar que nadie pregunta al bebé si quiere o no vivir.Con 12 semanas ya salta, “camina”, se ríe y patea.
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